martes, 25 de abril de 2017

Resacón

Por Fernando Savater

Tras la festiva entrega etarra de armas en Bayona, euskoequivalente del “¡puños fuera!” del inolvidable Mazinger Z, se han producido efectos dispépticos imprevistos. El New York Times se despacha con un editorial según el cual los vascos, cuyas cultura y lengua fueron maltratadas por Franco, han luchado desde entonces con las armas por la independencia. 

El NYT no menciona los 40 años de democracia, la autonomía vasca y el casi ininterrumpido gobierno del PNV durante todo este tiempo: se limita a decir que los insurgentes tuvieron finalmente por fuerza mayor que deponer sus armas —nunca se los califica de terroristas—, pero advierte que si Madrid sigue empeñado en que la Constitución niega el derecho de secesión unilateral (¡un capricho madrileño!) y limita los derechos políticos del martirizado Otegi, las hostilidades pueden reanudarse. Y preocupado por lo mismo está Jonathan Powell, uno de nuestros “artesanos de la paz” con más trienios, que califica de “locura” la reacción hosca del Gobierno de Rajoy ante el desarme (por lo visto esperaba fuegos artificiales en La Moncloa) y recuerda a John Carlin una palabra española intraducible (según él) y olvidada: “crispación”. Sin vergüenza.

Tras el Aberri Eguna también hubo sorpresas. Ortuzar pide una cosoberanía como la propuesta a Gibraltar, que en el caso vasco supongo que sería hispano-francesa en vez de hispano-británica: pues no veo las ventajas sobre lo existente.

Mejor estuvo Nagua Alba, líder vasca de Podemos, en un diálogo con Bernardo Atxaga sobre la idea de patria. Alba dijo que es la ciudadanía la que construye la patria, que debe ser “abierta”. Y añadió: “La patria es plural y diversa, no se limita a una identidad nacional sino que las incluye a todas”. ¡Bravo! Una ciudadanía común que alberga todas las identidades: ¡eso es España! A ver si logra convencerles...

© El País (España)

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