viernes, 3 de febrero de 2017

Éxtasis

Por Manuel Vicent
El éxtasis es un estado en que la persona pierde la conciencia del mundo exterior y consigue disolver su individualidad en un ser ilimitado superior. Se trata de una experiencia mística que unas veces se consigue con la meditación y otras con la ayuda de una droga propicia. El cuerpo se queda sin peso y sumamente ligero se eleva muy alto hasta darle a la caza alcance que, según Juan de la Cruz, consiste en una armonía y un placer innombrables.

Hay quien asegura haber experimentado esta sensación en la guerra mientras caían bombas alrededor y puede que alguno haya logrado por fin esa unidad con el Todo en el paredón un momento antes de ser fusilado.

En el rostro de Teresa de Ávila que esculpió Bernini se expresa esa subida a tan señalada cumbre donde el orgasmo acrecentado por la santidad se funde con la llamada pequeña muerte. Pero no es necesario ser un místico.

Mucha gente corriente sabe que el éxtasis también se halla en el vértice de cada uno de los cinco sentidos. La conciencia cósmica se puede obtener también ante una escorpa braseada si se acompaña con un vino exacto. La iluminación interior, que coloca a una persona en un plano existencial elevado, se produce al sorprender a una gota del deshielo que cae como una nota musical desde el abeto y un pájaro escarlata se la bebe en el aire.

El estado de júbilo y felicidad se instala en el fondo del cerebro más vulgar al oler a pan de payés en una profunda tahona de pueblo, a enebro sangrante recién trasquilado, a la melaza que se expande al abrir un libro antiguo de donde se escapa una tijereta.

El sentido de la inmortalidad está también en la decisión de negarte a morir simplemente hasta oír al último pianista tocar Amapola en ese hotel donde nunca estuvo ni Churchill ni los duques de Windsor. La mística moderna está ya al alcance de cualquiera.

© El País (España)

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