sábado, 11 de febrero de 2017

BUEN NEGOCIO / El MaMe

Por Carlos Ares
Hace un par de semanas les adelanté que, en 2018, es posible que el presidente Mauricio Macri impulse nuevamente el debate sobre el traslado de la Capital Federal, un proyecto del gobierno de Raúl Alfonsín pendiente desde que fuera aprobado por el Congreso, en 1987. En ese sentido, el de revisión de alguna idea que pueda ser recuperada, recordé una propia: el museo del deporte.

La propuse por primera vez cuando comencé a trabajar en la revista deportiva El Gráfico. En 1974, luego de un arduo trabajo de búsqueda y recolección, la muestra se instaló en la planta baja del edificio que hoy ocupa el Museo de Arte Moderno (el Mamba), sobre la calle San Juan, en San Telmo. Se exhibieron camisetas y botines de futbolistas destacados, raquetas, cascos, buzos antiflama, la bata que usó Firpo contra Dempsey, los guantes de Nicolino Locche. Todos los elementos se acompañaban con textos y fotos para situarlos en tiempo y lugar. A la vez, en los monitores se reproducían imágenes de Vilas, Monzón, Pascual Pérez, Delfo Cabrera, Juan y Oscar Gálvez, los hermanos Emiliozzi y goles de la selección argentina. Me veo ahí, en una foto, ayudando a entrar en el salón uno de los autos que corrió Fangio.

Los padres llevaban a sus hijos y se detenían frente a las vitrinas para contar su propia historia. Luego de tres meses, se esperaba que la intendencia municipal dispusiera de un lugar público para continuarla. El tema ni siquiera fue considerado. Cada tanto, por alguna otra vía, el proyecto llegó a la Legislatura de la Ciudad. Pero nunca pasó de ahí.

El museo sería ahora un buen negocio para una empresa de capitales mixtos, con mayoría accionaria del Estado. Supongo que a las marcas de ropa deportiva les interesaría invertir en la construcción de pabellones que les servirían luego para presentar a las figuras que tienen contratadas. La venta de entradas –con ingreso gratuito para jubilados, menores y estudiantes–, y una tasa por derechos y concesiones, permitiría mantenerlo sin necesidad de recursos públicos.

Los visitantes podrían hacerse selfies abrazados a gigantografías de sus ídolos, con réplicas de las copas del mundo de fútbol, la Davis, la Copa Libertadores o la Intercontinental, y ver una colección permanente de objetos donados o cedidos por los protagonistas de todas las épocas. Camisetas originales, botines, ropa, elementos utilizados en competencias, además de los registros en cualquier formato –revistas, diarios, álbumes de figuritas, libros, fotos, videos, películas– de triunfos, derrotas, hazañas memorables, estadísticas, documentos, que puedan ser reunidos, vistos y mantenidos en archivos de consulta permanente.

Según estadísticas que pueden comprobarse en los hechos, el museo más visitado por los turistas es el de Boca. Supera en cantidad al de Arte Moderno de Buenos Aires (el Mamba), el de Bellas Artes (el MNBA) y el de Arte Latinoamericano (el Malba). Cada día, los tours que recorren el barrio de la Boca paran en las puertas del estadio. Los atrae la fama de la mítica Bombonera. Aparte de la recorrida por los estadios de los dos equipos más populares, River y Boca, no hay nada más para ver en el país de Maradona y Messi, Di Stefano, Sívori, Kempes, Moreno, Pedernera, Erico, Maschio, Federico Sacchi, Perfumo, Batistuta, Mascherano, Riquelme, Dybala, Higuaín, Carlos Bianchi, Simeone, Basile, Marcelo Bielsa y tantos jugadores y entrenadores que le dieron fama y prestigio al fútbol argentino.

En el país de Fangio, Monzón, Nicolau, Meolans, Demiddi, Ginóbili, Vilas, Gabriela Sabatini, Santiago Lange, Paula Pareto, de Los Pumas, de la Generación Dorada, de Las Leonas, que exporta deportistas en cantidad y calidad tal que asombran con sus logros, no hay un museo que les rinda tributo a las leyendas y, a la vez, permita interactuar con ellas. ¿Por qué no? Escuchar a Luciana Aymar, a Menotti, ver y entender cómo jugaba Bochini, participar de una clínica de tenis con Del Potro, patearle un penal al Pato Fillol. Eso sí, será inevitable que con Maradona y Messi como joyas del patrimonio, popularmente se lo conozca como el MaMe.

(*) Periodista

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