miércoles, 16 de noviembre de 2016

Shhhhhhhhhhhhhh…

Todos tenemos responsabilidad de lo que ocurre en la Selección Argentina: los periodistas, hinchas, dirigentes y jugadores. El mensaje que nos dejó Messi.

Por Guido Glait

Tenemos un fútbol que no controla a los barras, que tiene a los clubes quebrados, que durante 36 años eligió un presidente corrupto que hoy hubiera estado preso, que destrozó las divisiones juveniles, que no fue capaz de hacer una votación de 75 tipos, que tiene un torneo de 30 equipos que todos aceptaron y todos se arrepintieron, y que no le da bola a la Comisión Normalizadora, ¿por qué el equipo que nos representa iba a estar bien?

Tarde o temprano la mala iba a llegar. Ser el mejor del ranking FIFA y haber salido tres veces subcampeón era absolutamente anormal; lo normal era que todo saliera mal.

Jorge Miadosqui, el Secretario de Selecciones nacionales, decía el lunes que a la Selección nunca le faltó nada y que los problemas dirigenciales no entraban a la cancha. Mentira vil. Tal vez se olvidó de que estos jugadores pasaron por tres técnicos en menos de dos años. O que a Martino lo empujaron al precipicio. O que a pocos días de los Juegos de Río, la selección olímpica llegó a entrenarse con sólo nueve jugadores porque los clubes estaban caprichosos y no los querían entregar.

Tampoco nos salvamos los periodistas. Tratamos a Di María como si fuera el Petiso Orejudo de Ushuaia; decimos que Rojo no, que Emmanuel Más sí, que Emmanuel Más ya no; que Mascherano es desechable aunque juegue en el mejor equipo del mundo; y que Romero no puede atajar porque en su equipo es suplente, como si no era suplente cuando se convirtió en héroe, en el Mundial. Finalmente agregamos que Lavezzi se fumó un porro, aunque no tengamos ni la más mínima prueba.

También la gente tiene su cuotaparte. Pidió a coro la cabeza de Martino y nos quedamos sin Plan B, porque todos los Plan A rechazaron la oferta. Se llegó a decir que Otamendi tenía más pinta de mochilero que de jugador y que Zabaleta jugaba como Mariano, el tenista. Además exigió a Icardi sin siquiera saber dos jugadores del Inter, y chifló a Higuaín cuando entró contra Colombia, pese a que faltaba poco para el final y la cancha era una fiesta por el 2-0 parcial.

Es cierto que el DT no pegaba una y que los jugadores estaban desconocidos, fuera de foco, idos. Pero los criticamos desde nuestras frustraciones, personas mucho menos exitosas que ellos, con el insólito argumento de que son millonarios. ¿Acaso el dinero los convierte en máquinas infrahumanas? ¿En personas sin errores ni emociones ni miedos?

Aún jugando mal, no estaban muy por debajo de la media de lo que somos nosotros como sociedad.

Después está el error de no hablar con la prensa. Que lo agarren al relator Gabriel Anello, que le corten la palabra a él, que le hagan juicio… pero no pueden pagar justos por pecadores. Ellos tienen la obligación de hablar porque no son los dueños de la Selección, son actores públicos.

En definitiva, a la gente lo que le importa es que hablen dentro de la cancha. Por eso fue bueno lo que pasó ayer. Una refresh para empezar de nuevo y tapar la pobreza intelectual. El equipo no apareció del todo pero sí apareció Messi, que con su zurda nos puso en pause.

Nos dijo algo así como que les demos un descanso, cerremos un poco la bocota y escondamos tanta miseria. Aunque más no sea, hasta marzo.

© Perfil

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