miércoles, 5 de octubre de 2016

El compás

Por Manuel Vicent
Al nacer, todo tu espacio se reduce a las medidas de la cuna, 80 x 60 centímetros. Se abre el compás. A los seis meses gateas por la habitación y al cumplir el primer año aprendes a caminar. A medida que el tiempo te posea, el espacio comenzará a expandirse a tu alrededor. El triciclo en el jardín, la guardería, la bicicleta en el parque, la primera descubierta a la tienda de helados de la esquina.

A continuación llegarán los viajes de vacaciones con los padres, la primera excursión con los compañeros del colegio y después de descubrir tu ciudad y de recorrer el paisaje de tu niñez, durante la adolescencia querrás traspasar los horizontes que hayas soñado.

Según te vaya en la vida el espacio se va a acomodar a tu ambición hasta el punto que si eres una persona de éxito el mundo te va a parecer pequeño. Aeropuertos, hoteles internacionales, anchos mares, fiestas en países exóticos, citas empresariales en los cinco continentes.

Al llegar a la plenitud de los 50 años el espacio habrá abierto el máximo compás desde esa cumbre de tu edad, pero un día notarás que el espacio comienza a contraerse en la medida en que te vas adentrando en el almanaque.

La curva de bajada se hará evidente cuando empieces a creer que ya lo has visto todo y que nada será capaz de sorprenderte a tus años. Primero renunciarás a viajar en avión, luego te dará pereza salir de noche, cualquier fiesta te parecerá aburrida, empezarás a soñar con una casa en el campo, el sillón de orejas será tu barricada frente al televisor.

De pronto descubrirás que apenas necesitas para vivir las cuatro paredes de aquella habitación en la que de niño aprendiste a gatear. Finalmente el tiempo, como una boa constrictor, dará el último espasmo y el espacio retrocederá hasta convertir aquella lejana cuna en una caja de pino de dos metros por uno. ¿Para qué más?

© El País (España) / Agensur.info

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