jueves, 11 de agosto de 2016

Tóxico

Por Fernando Savater
Si tuviese que aconsejar un libro para entender la actualidad política en España y en Europa recomendaría Sentimentalismo tóxico (Alianza), de Theodore Dalrymple (seudónimo de Anthony Daniels, médico y psiquiatra que ha trabajado en una prisión y conoce varios países africanos y los problemas de la ayuda al desarrollo). Como soy muy sentimental conozco los peligros de esta dolencia a escala personal pero el libro no trata de ellos.
Critica en cambio la intrusión del exhibicionismo sentimental en la argumentación sobre asuntos públicos, en detrimento de la lógica y la motivación racional.

El sentimentalismo en la esfera política es la expresión de emociones sin el contrapeso del juicio crítico. Permite o exige a las autoridades adoptar medidas halagadoras de los buenos sentimientos según sus estereotipos, evitando soluciones más impopulares pero basadas en el análisis de los hechos: la demagogia es sentimental. “El intento de llenar las mentes que carecen de cualquier otra información ha llevado al adoctrinamiento a base de sentimentalismo”, dice Dalrymple. La expresión pública del sentimentalismo es coercitiva e intimidatoria: ¡ay de quien no se una prontamente a ella o se atreva a criticarla! Si uno aspira a la popularidad, debe llevar el ramo más grande de flores al túmulo de las víctimas...

La obra repasa ejemplos centrados en la educación, la atención a los desfavorecidos y marginados, o la propia moral, donde la proclamación del amor al bien sustituye en ocasiones al sentido de la responsabilidad. Trata de refilón un campo especialmente sensible en nuestro país, el de la violencia de género. Y no menciona otros donde la toxicidad sentimental es particularmente agresiva, como el nacionalismo o nuestra relación con los animales y sus supuestos “derechos”. Quizá habría que pedir un apéndice para uso de españoles...

© El País (España)

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