Por Claudio Jacquelin
Sin adversarios políticos en condiciones de disputarle poder real, el gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más críticos en el ingreso a la segunda y última mitad de su mandato.
Los principales problemas que afronta la administración libertaria se han convertido y se sintetizan en cinco trampas de las que no logra salir. En algunos casos porque no puede, en otros porque no sabe y en otros porque no quiere.
Ese quinteto de conflictos hoy horada parte de su capital y atenta contra los logros políticos y económicos alcanzados en los dos primeros años de gestión, muchos de ellos inimaginables para observadores neutrales y rivales.
La lista, que lejos está de ser taxativa, está compuesta por:
- Escándalos éticos, de fuerte penetración en la sociedad, que contradicen el discurso oficialista y, en algunos casos, han roto el contrato establecido con buena parte de sus electores.
- Problemas de comunicación, falta de estrategia y ausencia de voceros efectivos y creíbles para enfrentar la crisis.
- Disputas internas sin fin, instaladas en la agenda pública, que muestran conflictos por el poder en el seno de un gobierno de muy pocos, que dificulta la toma de decisiones, paraliza acciones y expone problemas de liderazgo.
- Una burbuja endogámica e impermeable, donde se evita que penetren opiniones, ideas y cuerpos extraños.
- Y, último, pero no menos importante, sino todo lo contrario, una economía con muchos tropiezos, que no termina de dar respuesta a muchas de las demandas de la mayoría. En cambio, la sociedad da señales de sentirse sometida a un esfuerzo que empieza a dejarla extenuada antes de llegar a disfrutar de la mejoría, que, en buena medida, se agotó con la interrupción, hace once meses, del sendero descendente de la inflación.
En esa debilidad cobra mayor dimensión la ausencia de voceros efectivos y respetados que padece el Gobierno, tras la sucesión de tropiezos de Adorni, que se inició hace ya un mes con la revelación de que su esposa había viajado a Nueva York en el avión presidencial. Desde entonces no solo no pararon de aparecer gastos sospechados y sospechosos del jefe de Gabinete con los que trastabilló las escasas veces que intentó aclararlos sin éxito.
También quedaron desacomodados los demás funcionarios que trataron de justificarlo para terminar como escudo de última instancia el propio Javier Milei, quien debió poner su cara, su cuerpo y su voz para cubrirlo. El Presidente se convirtió así en el fusible de su gabinete y dejó a la vista una instalación central raquítica de protecciones.
La decisión de enviar a la escribana Nechevenko a hablar en los medios expuso la vacancia que se registra en la vocería oficial, otrora motivo de orgullo libertario, en los buenos tiempos en los que el expanelista Adorni vapuleaba a todo contradictor o interrogador incisivo. No solo la notaria terminó ridiculizada en las redes sociales. Debilitó la narrativa y la credibilidad oficial. Un duro golpe para el estreno de la moral como política de Estado. Aunque la escala moral mileísta sea tan subjetiva, como lo explicó su líder.
}Del costo para la imagen presidencial y la del Gobierno por el caso Adorni, por la reinstalación del escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad, por la permanencia del criptogate $LIBRA y por los créditos hipotecarios de funcionarios libertarios, agravado por el contexto económico, ya dan cuenta la mayoría de las encuestas realizadas en las últimas dos semanas.
En ese plano resalta el pico alcanzado en el Índice de Irascibilidad Social (IDI) que elabora la consultora Casa Tres. “En marzo, el IDI perforó el piso alcanzado en febrero: cayó cinco puntos y se ubicó en -19, el registro más bajo desde el inicio de la serie, hace dos años. Esto confirma que la crispación no solo persiste, sino que profundiza su tendencia negativa”, escribió la titular de la encuestadora, Mora Jozami, en el sitio digital Seúl.
Ya nadie tiene dudas del efecto de esos hechos adversos sobre el Gobierno. Al respecto, el director de Poliarquía, Alejandro Catterberg, anticipó el viernes pasado que en la medición en curso de esa consultora seguramente se advertirá un deterioro en la imagen oficial. La presunción cobra relevancia por el hecho de que esa encuestadora había estado en soledad (entre las respetables) cuando publicó que en su medición de marzo todavía se daba un equilibrio entre las opiniones positivas y negativas sobre Milei.
“Adorni ya se tendría que haber ido, pero lo que significa para los Milei y la creencia equivocada de que el escándalo iba a bajar lo sostuvo. Y, a eso, se suma la disputa entre Karina y Santiago [Caputo]. Por eso, el escándalo de [José Luis] Espert se resolvió más rápido. Aunque Javier lo bancaba y era él el que lo había puesto al frente de la lista de candidatos a diputados nacionales, ahí no había grietas entre Karina y Santiago. Los dos empujaban para bajarlo. Ahora eso no existe y a Javier le cuesta mucho resolverlo”, explica un conocedor de la interna libertaria.
La interna
La interna que desangra a la cúpula del poder aparece como otra de las trampas de las que Milei no puede o no sabe cómo salir. El avance vertiginoso de su hermana y el retroceso inocultable del asesor no terminaron, sin embargo, por resolver la pelea.
La crisis le volvió a dar una pequeña revancha a Caputo y retomó su rol como fuente de consulta en materia comunicacional, pero nadie cree en el mileísmo que eso devuelva la concordia ni que Milei resuelva la discordia. Los chantajes sentimentales de los contendientes sobre el Presidente gozan de una notable eficacia, para muchos inexplicable, sobre todo, en lo que al asesor se refiere.
“Este es un loop eterno, una espiral que solo se acelera sin solución. Cada vez que Karina avanza sobre Santiago, éste va y le plantea al Presidente que así no puede ni está dispuesto a seguir. Después de un rato de discusión, Javier termina pidiéndole que se quede, prometiéndole la recuperación del poder y una contención de Karina y los suyos. Y se cierra con calurosos abrazos. Pero eso dura un tiempo y vuelve a empezar. El vínculo entre ellos es demasiado peculiar”, dice con resignación un destacadísimo mileísta, que conoce como pocos la intimidad del poder libertario y de lo que alguna vez se denominó el triángulo de hierro.
La burbuja
En ese plano aparece la cuarta trampa que atenaza al Gobierno y es la burbuja endogámica y hermética en la que suele habitar el Presidente, reforzada a diario por la mayoría de los miembros de su gobierno y de su entorno. La impermeabilidad a cualquier opinión disonante, sobre todo en ámbitos colectivos, es absoluta.
“A solas, Javier te puede dar lugar a alguna opinión que contradiga la suya y hasta abrir paso a una discusión en la que se expongan argumentos, pero si alguien lo contradice donde hay más de tres personas presentes se le salta la térmica y el que lo hace la pasa muy mal. Hay cosas sobre las que hace mucho di mi opinión contraria a lo que se hacía, pero ya no lo hago”, dice un conspicuo integrante de la gestión mileísta.
La furia de Milei no es una actuación planificada para hacer una exhibición de poder sobre cualquier contradictor, sea empresario, periodista o dirigente político. Tampoco un rasgo que se agudizó con el estresante ejercicio de la presidencia. El chat de su camada de excompañeros del Colegio Cardenal Copello tiene varios ejemplos de sus arrestos de ira contra alguien que osó contradecirlo, aún de buenas maneras. Ninguno volvió a animarse. Menos desde que accedió a la Casa Rosada.
Por eso, a nadie extraña que en el grupo de WhatsApp que integran los miembros del gabinete no haya disonancias. “Es el show del chupamedismo. Si en X a muchos ministros no les da vergüenza competir por la adulación, como pasó después del homenaje a Adam Smith, no te podés imaginar lo que es el chat de ministros”, cuenta un estrecho allegado a un secretario de Estado, que dice haber leído algunos de esos mensajes.
Es la economía
Allí entra la última y tal vez la más importante de las trampas en las que el Gobierno se encuentra atrapado: la marcha de la economía.
El jueves pasado, el propio Milei despertó una brisa de ilusión respecto de que podría haber revisiones en ese terreno, después de que en los días previos él y los miembros de su equipo económico se cansaran de insultar y descalificar a cualquier economista o periodista crítico por la marcha del consumo, el empleo y la actividad económica.
Su pedido de paciencia social y, sobre todo, su inédita admisión de que algunos argentinos no están mejor con su gestión fue rápidamente matizada por el propio autor y, sobre todo, por algunos de sus más estrechos colaboradores. No sólo ratificó el rumbo en su totalidad, sino que fue una reafirmación de creencias y dogmas. Aún cuando se espera que flexibilice algunas restricciones.
“Él está convencido y cree ver que se va a cumplir lo que nos viene diciendo desde diciembre pasado. Que iban a venir tres meses duros y que en abril iba a empezar la recuperación, junto con un nuevo sendero de inflación a la baja. Su posteo fue estratégico para después poder realzar la mejora”, explicó uno de sus colaboradores. No hay lugar para agnósticos.
En la Casa Rosada, de todas maneras, admiten que hay muchos de esos que no están mejor, según el propio Milei, cuya situación tampoco mejorará en el corto plazo y difícilmente lo haga en el mediano.
“El problema más grande está en el Gran Buenos Aires, donde la actividad industrial y comercial va a seguir sufriendo, pero ese, junto con el de la seguridad, va a ser un problema de Kicillof”, dice, impertérrito, un interlocutor del Presidente. ¿Será así?
Respecto de la irritación social creciente, la consultora Mora Jozami destaca, además de los casos de corrupción o falta de transparencia, que “casi dos de cada tres argentinos declaran haber resignado consumo en el último tiempo y las expectativas sobre el futuro económico personal se deterioran”.
El mayor capital político-social de Milei hasta ahora ha estado asentado más en las expectativas de futuro que en las satisfacciones logradas, por lo que el deterioro en ese rubro podría ser un serio llamado de atención.
Tal vez la microeconomía sea, así, la más acuciante de las trampas de las que no puede, no sabe o no quiere librarse el Gobierno. El problema es que están todas interconectadas.
© La Nación

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